Subido encima de la roca, cuando la brisa me acaricia, escucho un silbido sonar.
Cuando la brisa amaina, el silbido también.
Rueda la piedra y arrastra a muchas detrás.
Ruidos extraños pero suaves y serenos.
Entonces, entre las piedras, el lagarto corre espantado; se escabulle entre piedras y maleza, ocultando su espalda de piel verde, el blanco rosado de su vientre lo arrastra al reptar.
Aparece de nuevo, y sobre la loza templada se aplasta.
De su madriguera el conejo salta.
Desde la cúspide de la roca de la colina, con preciosas vistas hacia el mar.
A lo lejos, Entre bruma y olas.
Veo el barco navegar.
Desde el cielo, la rapaz vigila esperando su oportunidad.
Juan Mª Nicolás