Tu lienzo de arpillera ahora es un estandarte sagrado colgado en el retablo barroco, con las veinte escenas en vertical flanqueadas por columnas doradas, querubines y velitas encendidas abajo. "Sancho y el rucio terco" arriba del todo bajo la cruz, y "El regreso a casa" iluminado por las velas al pie. Parece una capilla dedicada a Cervantes
Don Quijote estaba, como se ha dicho, hablando con la señora del coche, diciéndole: –La vuestra, señora mía, puede facer de su persona lo que más le viniere en talante, porque ya la soberbia de vuestros robadores yace por el suelo, …
Por cierto, fermosa señora, yo soy muy contento de hacer lo que me pedir; mas ha de ser con una condición y concierto: y es que este caballero me ha de prometer de ir al lugar del Toboso y presentarse de mi parte ante la sin par doña Dulcinea, para que ella haga dél lo que más fuere de su voluntad. …
Capitulo once. De lo que sucedió a don Quijote con unos cabreros
Canción desesperada, no te quejes cuando mi triste compañía dejes; antes, pues que la causa do naciste com mi desdicha aumenta su ventura, aun en la sepultura no estes triste.
Yace aquí de un amador el mísero cuerpo helado, Que fue pastor de ganado, perdido por desamor. Murió a manos del rigor de una esquiva hermosa ingrata, con quien su imperio dilata la tiranía de Amor.
Capitulo quince. Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topo don Quijote en topar con unos desalmados yagüeses
No se había curado Sancho de echar sueltas a Rocinante, seguro de que le conocía por tan manso y tan poco rijoso, que todas las yeguas de la dehesa de Córdoba no le hicieran tomar mal siniestro.
Aún las tuyas, Sancho –replico don Quijote–, deben estar hechas a semejantes nublados; pero las mías, criadas entre sinabafas y holandas, claro esta que sentirás más el dolor desta desgracia.
…A lo cual respondió don quijote: Las feridas que se reciben en las batallas antes dan honra que la quitan; así que, Panza amigo, no me repliques más, sino, como ya te he dicho, levántate lo mejor que pudieres, y ponme de la manera que más te agradare encima de tu jumetón, y vamos de aquí, antes que la noche venga y nos saltee en este despoblado.
… Y era tanta la ceguera del pobre hidalgo, que el tacto ni el aliento, ni otras cosas que traía en si la buena doncella, no le desengañaban, las cuales pudieran hacer vomitar a otro que no fuera arriero; antes le parecía que tenía entre sus brazos a la diosa de la hermosura.
«Granada para perderse, para caminar por sus parques, por la orilla de sus ríos, por sus barrios, sus calles… Para beber de sus fuentes. para volverse a enamorar.
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