La Comarca de Guadix está integrada por 32 municipios que son: Aldeire, Albuñán, Alicún de Ortega, Alquife, Beas de Guadix, Benalúa de Guadix, Calahorra, Cogollos de Guadix, Cortes y Graena, Darro, Dehesas de Guadix, Diezma, Dólar, Ferreira, Fonelas, Gor, Gorafe, Guadix, Huélago, Huéneja, Jerez del Marquesado, Lanteira, Lugros, Marchal, Morelábor, Pedro Martínez, Peza, Polícar, Purrullena, Valle del Zalabí y Villanueva de las Torres.
Un territorio que es, a la vez, altiplano, desierto y oasis. La antigua Accitania.
1. Acci romana

Guadix no empieza en Guadix. Empieza en Acci. Colonia romana fundada por Julio César hacia el año 45 a.C. para asentar a los veteranos de las legiones I y II. No era un puesto perdido: era nudo de la Vía Augusta que iba de Cástulo a Carthago Nova, con teatro, foro y hasta ceca propia. Las monedas accitanas todavía aparecen en las huertas.
Cuando llegas hoy a la Catedral, estás pisando esa historia en vertical. Diego de Siloé trazó la planta renacentista, pero la obra se alargó tanto que la acabó Vicente Acero ya en pleno barroco. Por eso desde fuera parece una fortaleza de piedra rojiza y por dentro estalla en luz blanca y columnas gigantescas. Justo debajo, la Alcazaba árabe del siglo XI — de la que aún queda su torreón de tapial — recuerda que aquí hubo una medina próspera que dominaba toda la Hoya.
Dato accitano: Acci fue sede episcopal desde el siglo I. San Torcuato, uno de los Siete Varones Apostólicos, se dice que fue su primer obispo. Cristianismo viejo, del de las catacumbas.
2. Las cuevas: 2000 años de hábitat

La cueva no es pobreza. Es ingeniería climática. Cuando los moriscos fueron expulsados en 1570, muchos no se fueron; se metieron cerro adentro. Excavaron en la arcilla blanda del altiplano y descubrieron que bajo tierra no hace frío en enero ni calor en agosto. La casa cueva es blanca por dentro, con chimenea que sale como un hongo en el cerro, y con una acústica que hace que todo suene a hogar.
En Guadix capital hay barrios enteros — Santiago, Santa Ana, Ermita Nueva — donde más de la mitad de la población sigue viviendo así. No es museo. Hay wifi, cocina de inducción y Netflix, pero el techo sigue siendo la montaña. Las paredes respiran. Si pones la mano en invierno, están templadas.
La clave está en el material: limos y arcillas del Pleistoceno, fáciles de picar, impermeables y con una inercia térmica brutal. Por eso aquí, a 900 metros de altitud y con -5ºC fuera, dentro duermes sin calefacción.
3. El Marquesado del Zenete y el Castillo de La Calahorra

Si Guadix es llano, el Marquesado es vertical. Ocho pueblos a los pies de Sierra Nevada — Jerez, Lanteira, Alquife, Aldeire, Dólar, Ferreira, Huéneja y La Calahorra — que fueron señorío del Cardenal Mendoza tras la Reconquista. Su hijo, Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, se casó con María de Fonseca y se hizo construir un capricho.
El Castillo de La Calahorra (1509-1512) es otra cosa. Por fuera, fortaleza medieval castellana, dura, con cuatro torres y foso. Por dentro, palazzo genovés. Rodrigo trajo a Michele Carlone de Génova y le dijo: métame el Renacimiento italiano dentro de un castillo militar. Y así, cruzas la puerta y de golpe estás en un patio de mármol de Carrara, con grutescos, conchas y una escalinata que parece de Florencia. Es el primer castillo renacentista de España, y sigue siendo privado — de los Marqueses de Villalegre — por eso se visita con cuentagotas, lo que lo hace más misterioso aún.



Hablar de Alquife es hablar de hierro. Y de Inglaterra. La mina a cielo abierto que ves hoy — una herida roja de 3 kilómetros de largo — fue la mayor mina de hierro a cielo abierto de Europa y una de las más grandes del mundo. De aquí salía el 40% del hierro español durante buena parte del siglo XX.
Los ingleses de The Alquife Mines and Railway Company Limited tendieron en 1899 un ferrocarril propio hasta Almería para embarcar el mineral. Construyeron un poblado minero completo, con hospital inglés, economato y casas para ingenieros que todavía se reconocen por sus tejados a dos aguas, rarísimos en esta tierra. Cuando la mina cerró en 1996, se quedó en silencio. Hoy, con el precio del hierro disparado, se habla de reapertura. El cerro sigue lleno.
5. El Geoparque y el Desierto de Gorafe

Desde 2020 somos Geoparque Mundial de la UNESCO. No por un fósil bonito, sino por 4.500 km² que cuentan la historia del Mediterráneo. Hace 8 millones de años esto era mar. Luego se cerró, se evaporó, se levantó Sierra Nevada y el agua empezó a romperlo todo.
El Desierto de Gorafe y las Cárcavas de Purullena son el resultado: badlands, chimeneas de hadas, barrancos que parecen Arizona pero con almendros. En Gorafe hay más de 240 dólmenes megalíticos — la mayor concentración de Andalucía — porque este desierto era hace 5.000 años una vega fértil. El paisaje cambió, pero la gente se quedó, enterrando a sus muertos mirando a la sierra.
Es uno de los pocos desiertos reales de Europa, con menos de 300 mm de lluvia al año. Pasear por el Colorao a las 7 de la mañana, cuando la luz rasga las cárcavas, es entender por qué aquí se han rodado decenas de spaghetti westerns.




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